-
En diversas culturas, sistemas religiosos o tradiciones, la tierra es el origen de la creación entera, el espíritu de la naturaleza, la energía creadora, la madre o el origen de todo lo que existe. La tierra es la diosa por excelencia y es contenedora de sabiduría ancestral, de sanación, de alimento, de sustento y de abrigo. Es la fuerza de vida y la manifestación material de la existencia. Por tanto, somos parte de ella, ella nos contiene y nosotros la contenemos. De alguna manera, es nuestra esencia. En la tradición yóguica, estas son las virtudes de Shakti: la energía creativa cósmica, también diosa con diferentes avatares.
-
En la filosofía no dualista del yoga, correspondiente al cuerpo de conocimiento de los Vedas, somos parte de la conciencia universal y ella es parte de nosotros, porque la totalidad es todo lo que existe. De esta manera, somos parte del infinito, de la existencia y de todas sus manifestaciones. La tierra es una expresión concreta de aquello más grande, con sus procesos y fenómenos, su renovación permanente, su riqueza, su equilibrio y sus ofrendas. La tierra es la madre, nuestro origen, nuestra energía vital. Es la fuente primordial, creadora de vida, que también nos provee de los recursos, la protección y las condiciones para vivir y desarrollarnos.
-
En su evolución filosófica está presente de manera concreta en la antigua civilización Védica, heredera de una conexión con la tierra heredada de la cultura dravidiana. La tradición del Valle del Indo, de donde datan las primeras evidencias arqueológicas de las prácticas y sistema holística del yoga, tenía posiblemente una forma de veneración por la madre diosa de la fertilidad. Los Vedas sostienen que Brahman es todo lo que existe y que somos parte de él. Por ser la fuente creadora de nuestro material y el hogar de nuestra existencia como seres corpóreos, la tierra es sagrada.
-
El yoga como escuela de filosofía clásica sostuvo una dicotomía entre dios y el individuo, si bien no es la concepción filosófica sobre la que ha evolucionado la tradición que sostiene que somos parte de una totalidad. Con el revivir de los Vedas en el Advaita Vedanta, su pensamiento de que somos parte de la conciencia universal y con él la difusión de otras escuelas de pensamiento como el tantra (que planteó nuestra conexión y unicidad con las energías del universal, describió nuestro ser energético compuesto por canales de energía, cuerpos sutiles y chakras y dio origen al hatha yoga y el kundalini yoga), se recuperó esta conexión mística con la tierra.
-
Shakti, la energía femenina que complementa las cualidades masculinas de Shiva, o la forma dinámica de la existencia, representa la conciencia universal, y el infinito, fue y sigue siendo una fuerza espiritual muy poderosa que pervade todo lo que existe. Su belleza y poder creador se manifiesta de forma sublime en una puesta de sol, en el olor de la tierra mojada, en un paisaje montañoso, en la infinitud del mar. Estas grandes experiencias de dicha son algunas de las pocas que no se relacionan con nuestro ego, con nuestra historia personal, nuestros apegos, temores y creencias, porque nos conectan con la existencia entera.
-
Una imagen muy diciente de lo que representa la tierra en nuestras vidas es la raíz. La conexión con la tierra nos da la capacidad de sabernos relacionar y desenvolver en el mundo de una manera autoafirmativa, segura y adecuada. Nos da también la capacidad de cuidarnos a nosotros mismos de una manera sana, de estar conectados con la fuerza natural que emana de nuestro propio cuerpo para potenciar nuestra vitalidad, salud, capacidad creativa.
-
La tierra es uno de los elementos primordiales, pero al mismo tiempo los contiene todos. Por lo general, aquello que en el ayurveda, el yoga, la astrología védica y diferentes tradiciones tiene que ver simbólicamente con la creación, con la experiencia mundana, con las raíces, con la seguridad y los lazos de sangre, y más concretamente con la búsqueda y realización material, como la abundancia, el hogar y la familia, y toda nuestra experiencia individual con respecto al entorno. Estas energías son propias del primer chakra. El poder creativo, la sensualidad, el goce de los sentidos, la riqueza que ofrece el mundo para que nosotros la disfrutemos y estemos en contacto con el momento presente y la energía creativa de la existencia, forma parte también de la energía de la tierra, relativas al segundo chakra.
-
El primer chakra es donde se encuentra la energía kundalini que identifica la anatomía yóguica. Esta energía es la energía cósmica, que tenemos dormida en la base de la columna vertebral y que al despertar abre, estimula todos nuestros chakras, y nos lleva a un desarrollo pleno de nuestros potenciales físicos, emocionales, mentales, espirituales, y nos lleva, claro, a unos niveles de conciencia más elevados donde la existencia tiene otras cualidades. La armonía, la dicha incondicional, el infinito, son algunas de estas cualidades. Por tanto, la tierra es también la base para nuestro paso por la tierra.


