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El texto fundacional de la tradición espiritual yóguica (si bien ya existía como filosofía y un sistema de prácticas), son los Yoga Sutras. En este texto en sánscrito, compuesto por 195 aforismos, de origen incierto pero atribuido al sabio Patanjali, y que se calcula fue escrito en el siglo II D.C., se desarrolla el objetivo del yoga, la filosofía de la tradición, la ciencia psicológica y espiritual sobre la que se basan sus recomendaciones. También sistematiza los aspectos de un estilo de vida yóguico en ocho elementos u ocho pasos que conforman la esencia de lo que se conoce como Raja Yoga: el Yoga Real.
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Estos incluyen diez principios éticos, yamas (observancias) y nimayas (restricciones), que debemos tener en cuenta para alcanzar una verdadera realización espiritual (la liberación del sufrimiento originado en la mente, los apegos, y la ilusión del “yo”). Dicho desarrollo espiritual implica una relación de armonía, amor y respeto hacia nuestro ser individual y el mundo exterior que se materializa también con el medio ambiente. Algunos más claramente que otros, pero estos principios se extrapolan a una una actitud ecológica de basada en la compasión, la moderación y la verdad. Los preceptos éticos del yoga son una herramienta invaluable para el desarrollo humano y como tal, para una relación armoniosa con el medio ambiente.
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Yamas (disciplinas)
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Ahimsa: no violencia. Significa no agredir ni lastimar a los otros seres, a uno mismo ni al entorno con acciones violentas o dañinas (o pensamientos negativos) y vivir en la compasión. Podría ser el principio fundamental para una vida yóguica y que reúne casi todos. Al contaminar, destruir, matar, incluso si lo hacemos consumiendo sin conciencia, estamos actuando violentamente contra el medio ambiente.
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Satya: verdad. Es un principio que nos lleva a buscar lo verdadero e inmutable. Satya nos lleva a vivir en una conciencia universal, a una realidad superior que busca lo correcto. La verdad es atención de nuestra identificación con lo impermanente, o con nuestro ego, con nuestros deseos y rechazos, para abrirnos a nuestro ser espiritual, amoroso y eterno. Este principio espiritual y filosófico va más allá de la experiencia individual y material y nos hace parte de la tierra y todos los seres.
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Astheya: no robar. Cuando hablamos del medio ambiente, no robar estaría relacionado con el respeto a la madre tierra hacia su armonía y existencia plena, derecho que nosotros arrebatamos por falta de consideración y egoísmo. Por ambición y por una necesidad de seguridad enraizada en nuestros impulso más básicos, los seres humanos tememos a la escasez y robamos a la tierra sin consideración con resultados catastróficos.
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Bramacharya: autocontrol. Esta restricción se relaciona con la forma como encaminamos nuestra energía vital. Aunque se interpreta como una prohibición sexual también está relacionado con la atracción de los sentidos, el deseo en general y el control de los impulsos más instintivos que algunas veces no se encaminan para la realización sino a la sola búsqueda del placer. El deseo material ilimitado repercute en la depredación ambiental que busca gratificar cada uno de nuestros deseos mundanos.
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Aparigraha: no posesividad. En un sentido similar al anterior al de Astheya, esta máxima implica respetar al otro, no objetivarlo con nuestra voluntad de poder, no envidiar sus cualidades y riquezas, lo que usualmente lleva aprovecharse de otros con el uso de nuestra capacidad de acción. Esta incapacidad de mirar hacia adentro nos hace querer tomar más de lo que necesitamos.
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Niyamas (observancias)
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Sauca: pureza. Este principio se refiere a la importancia de la limpieza del cuerpo y de las técnicas para hacerlos, y su relación con energías más sutiles, pero si somos limpios de mente y materia tampoco ensuciaremos ni contaminaremos nuestro entorno, y con una mente limpia no estaremos alterados mental o sensorialmente por los deseos ni el mundo exterior en general.
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Santosha: contento. Este bello principio nos pide gratitud, aceptación y el sentimiento de sentirse pleno con lo que tenemos material, mental, espiritualmente y con lo que somos individualmente, así como con las personas y situaciones. Esta actitud amorosa y austera nos haría menos materialistas y ambiciosos.
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Tapas: disciplina. Este principio se refiere eminentemente al control del cuerpo, mente y acciones. Cuando disciplinamos la mente y el cuerpo con el yoga y buscamos su bienestar, tenemos una mayor atención sobre nuestros hábitos, en nuestra alimentación, y en general a aquello que consumimos. Si moderamos nuestros apetitos podemos reducir el impacto ambiental que se genera en la producción y comercialización de comida y las posesiones materiales.
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Svadhyaya: estudio de textos y conocimiento interior. El conocimiento de nosotros mismos nos permite alcanzar mayor niveles de conciencia. Al identificar las fluctuaciones de la mente, observar nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos podremos tener mayor atención sobre la forma como vivimos y el impacto de nuestras acciones y pensamientos en el mundo. Los textos clásicos del yoga son una luz de sabiduría que guían nuestras acciones hacia unas más constructivas, integrales y positivas.
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Isvarapranidhama: vivir en la totalidad. Si vivimos en conexión con la divinidad podremos sentirnos integrados con el entorno, la naturaleza, los animales, las personas y todo lo que existe. El amor y el cuidado forman parte de nuestro ser universal, que amplía nuestra experiencia a un nivel más colectivo y nos vuelve más compasivos y consciente de lo que somos y podemos ser.


