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La tergiversación de una tradición espiritual

Por , Guía de About.com

    El debate estaba en el aire pero no se había puesto tan claramente sobre la mesa, hasta que el New York Times publicó un artículo en el que planteaba la pregunta que varios se han hecho: ¿es el yoga una práctica narcisista? La primera reacción de cualquiera que esté inmerso en el mundo del yoga es de indignación y sorpresa de que alguien pudiera siquiera lanzar una acusación semejante contra una tradición cuyos orígenes y finalidad verdadera es espiritual: precisamente lo contrario.
    Pero se trata de una oportunidad para explicar por qué esto no es así, remitiéndonos a las enseñanzas fundamentales, a los textos sagrados y tradiciones antiguas del yoga, y por otra parte, preguntarnos por qué existe esta percepción, tan ajena a los orígenes de la disciplina. Constituye un importante llamado de atención que nos obliga a llenar vacíos de conocimiento generalizados sobre la mística y ciencia detrás de estas prácticas; cuestionarnos sobre los giros que está dando el desarrollo del yoga, en ciertos casos poco nobles; y sobre la autenticidad de lo que estamos practicando.
    ¿Es posible que en esto se haya convertido, aunque sea parcialmente, esta maravillosa disciplina? ¿Será posible que haya tanta ignorancia con respecto a la esencia del yoga? ¿Será que vivimos en un mundo tan frívolo, competitivo e individualista, que la hemos tergiversado hasta tal punto en el que haya quienes vivan el yoga como una práctica narcisista, o que siquiera alguien pueda verlo así desde afuera? De ser así, ¿tan grave es? ¿No nos hace mejores personas el yoga?
    Lo que subyace a esta percepción es una interpretación muy equivocada de algunos centros de yoga, corrientes, profesores y alumnos en Occidente (y algunos en Oriente), con respecto a la verdadera esencia del yoga. El motivo es ignorancia y tergiversación, y se reparte entre protagonistas y observadores por igual. Creo que sí debemos aclarar qué es el yoga en esencia y establecer qué debe preocuparnos de esta interpretación. Es triste que exista dicha percepción, pero más triste es que sea una realidad, si quiera aislada.
    ¿Hay narcisismo en el verdadero yoga?
    El yoga nos enseña que no somos nuestro cuerpo. Finalmente, el cuerpo, aunque una máquina perfecta, es la forma más burda y volátil de nosotros. El yoga también nos enseña que no somos nuestra mente. Y utiliza una serie de herramientas, (una de las cuales son las posturas, entre muchas otras prácticas de yoga) para que precisamente podamos trascender las vicisitudes de ambos, y sembrar las condiciones para un trabajo espiritual profundo que nos lleve a una evolución interior.
    Es curioso, pues el cuerpo y la salud en un concepto holístico se trabajan para superar las limitaciones y los juegos de la mente, ya que los pensamientos constituyen el único obstáculo hacia el despertar espiritual. Es decir, el cuerpo material es uno de los medios para lograr el yoga: la unión con una realidad trascendente.
    Por lo tanto, el cuerpo para la tradición yóguica, a través del hatha yoga, forma parte de nuestra existencia en el mundo, y es importante mantenerlo fuerte, flexible, desintoxicado, vital, porque esta salud afecta la salud de la mente: el yoga es también unión de cuerpo y mente porque reconoce que para una mente sana, es requisito fundamental tener un cuerpo sano y viceversa.
    Nuestros pensamientos y emociones tienen una resonancia en cada una de nuestras células, se reflejan en nuestra salud, y van quedando incluso registrados en nuestro cuerpo. De la misma manera, nuestro cuerpo determina, más de lo que creemos, nuestras facultades mentales, nuestra estabilidad emocional y nuestra conexión con nuestro espíritu. Por esto, el yoga trabaja el cuerpo.
    No por vanidad espiritual o para ser el “mejor yogui”, pues el yoga es una práctica interior y un encuentro con uno mismo. Tampoco por estética o culto al cuerpo, aunque el equilibrio, que es requisito fundamental de la salud, traiga como consecuencia natural una figura armoniosa y genere en las personas un encanto especial, simplemente porque se está saludable y más feliz. Pero la realidad de lo que ha sucedido en la evolución y diversificación del yoga es otra cosa, pues el yoga, en la mayoría de casos, ha perdido su esencia.
    Lo que muchas personas no saben, incluso yoguis con experiencia y muchos maestros, es que el yoga tiene un origen muy profundo y que el yoga es una disciplina integral que comprende todos los aspectos de la vida, que tiene diferentes caminos y que tiene muchas otras prácticas con un fin trascendente. Que un yogui no es aquel que mejor hace una postura, sino aquel que interioriza el yoga como una filosofía, como unas pautas éticas, como una forma de vida.
    Puede que este interés casi exclusivo por el trabajo físico del yoga sea en parte porque se ha adaptado a las características del mundo actual, para hablar en un lenguaje que seamos capaces de comprender. A lo mejor es bueno que el yoga sea versátil, y que no haya únicamente prácticas de carácter espiritual, pues no todos han tenido este despertar, permite que sea un conocimiento más difundido, y más personas gocen de sus beneficios físicos y mentales. Lo preocupante es que esta adaptabilidad genere espacios de yoga donde haya competencia, que lleve a lastimarse el cuerpo o a lastimarse internamente a través de sensaciones negativas.
    O que el yoga tenga únicamente un objetivo lucrativo, pues todas estas dinámicas dan forma al mundo que estamos continuamente construyendo. También me parece que se pierde una transformación interior maravillosa, una evolución que genera mejores seres humanos y la posibilidad de tener no sólo salud física, sino mental y el crecimiento espiritual que se requieren para alcanzar estados superiores de conciencia donde está la verdadera felicidad. Pues esta viene del interior, no de las circunstancias externas y mucho menos de nuestra imagen en el espejo.

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