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Si pensamos en los chakras como si fueran una estructura, entenderemos que cada una de estas energías están interrelacionadas. Por tanto, el adecuado funcionamiento de cada una depende de la solidez de las anteriores, de manera que un desbalance en los primeros chakras repercutirán en una disfunción en las energías de otros planos. Y si miramos cada una de cerca, nos daremos cuenta de que, al igual que los cuerpos sutiles que nos conforman, los chakras están organizados de menor a mayor relación con la conciencia universal, siendo los tres primeros chakras los más básicos y luego de manera ascendente, hacia los más sutiles y espirituales.
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Observarnos a través de cada uno de los siete chakras principales nos da una perspectiva diferente, cada una de las cuales es parte fundamental de las energías que nos conforman. Sin embargo, por lo general no tenemos una conciencia de estos aspectos en nuestras vidas y algunos los negamos porque sencillamente creemos que no forman parte de nuestra personalidad, aunque en cada uno de nosotros estén presentes. Conectarnos con cada chakra nos ayuda a activarlo, a hacer los cambios de vida y percepción necesarios para que la energía fluya normalmente, lo cual redundará en un entorno que lo favorezca.
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Es importante tener en cuenta que la cosmovisión de la cultura a la que pertenecemos, los valores de la sociedad incluso y también la imagen individual que nos formamos desde la infancia con base en las dinámicas familiares tiene una influencia determinante en el fluir de cada uno de estos siete tipos de energía, generando una apertura saludable, o por otra parte desequilibrios: bloqueos (entendido como deficiencia, no como ausencia de energía) o sobreestimulación. En el caso del tercer chakra, por ejemplo, es posible que desde la infancia haya quienes lo tengan hiperestimulado y que esto se manifieste en una voluntad inflexible o una necesidad de control, o que por el contrario, quienes tuvieron más protección cuando niños tengan deficiencia de este chakra y entreguen su poder personal a otros.
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Cada edad se relaciona con el despertar de un chakra determinado en el que se es más receptivo a esta energía específica. Pero también la vida de cada persona tiene sus procesos propios que generan desafíos temporales o ciertos “bloqueos” de carácter permanente a causa de dichas estructuras de pensamiento o experiencias determinantes de infancia, dolor o ansiedad, que nos condenan a quedar estancados con los problemas y a desarrollar enfermedades, pero que con conciencia de este sistema de energía podemos superar y sanar.
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Nuestros patrones mentales que provienen de estos condicionamientos y en menor medida de una sensibilización ante cada uno de ellos, pueden generar una estimulación equilibrada o no de estas siete fuerzas vitales y pueden privilegiar algunos aspectos sobre otros, resultando en manifestaciones positivas o negativas. Nuestras creencias y la manera como nos relacionamos con nosotros mismos y el mundo material y espiritual pueden algunas veces un rechazo hacia algunas de estas energías que puede pretender pretendiendo suprimirlas, aunque esto ni es posible y en lo que resulta es en una función deficiente o mal encaminada.
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Es muy importante mencionar que aunque algunas de estas energías están relacionadas con nuestro ser más instintivo, sensual o básico, como es el caso nuestros tres primeros chakras (muladhara, svadisthana, manipura), no quiere decir de ninguna manera que sean menos nobles o importantes en un crecimiento espiritual. Todos forman parte de las energías que provienen del universo y que nos constituyen y que están conectados también con nuestro ser espiritual. Se trata de energías que son las más difíciles de controlar porque se dan de una manera más instintiva que las demás, pero creo que la tendencia de ciertas educaciones religiosas a negarlas, es tan inútil y equivocado como las tendencias del mundo moderno de buscarlas ilimitadamente.
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Este sistema acepta y reafirma cada tipo energía, pero nos enseña a vivirlo de manera saludable y gratificante. Ningún chakra es mejor que otro, y cada uno tiene una función saludable y una manifestación excesiva o deficiente. En el primer caso, la sobrecarga genera inarmonía y se convierte en una fuerza rectora demasiado fuerte en la vida de alguien de manera destructiva; en el segundo, es un área que no recibe energía suficiente, produce dificultades físicas (dolor o enfermedad) o emocionales y que tampoco es capaz de manifestar esa energía determinada en el mundo. De nuevo: el funcionamiento de cada chakra se refleja en situaciones exteriores.
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¿Cómo podemos activar nuestros chakras, equilibrarlos y desbloquearlos? Podemos hacerlo entrando en contacto con cada una de estas energías a través de sencillos ejercicios de visualización, meditaciones y afirmaciones positivas. También con estimulación a través de prácticas artísticas, el yoga y otras técnicas como el uso de los colores o los cristales. Pero algunas veces esto implica hacer cambios en nuestra vida, cuestionar nuestras creencias, nuestro concepto de nosotros mismos, las dinámicas que hemos establecido, los patrones que no son saludables para desplegar nuestro ser y tener cada energía vital en su justa medida.


