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Uno de los principios de la sabiduría del yoga es la aceptación. El yoga físico nos hace corporalmente sanos y flexibles como una metáfora de lo que sucede en un nivel más sutil, con nuestra mente y nuestros corazones. Porque el yoga como sistema holístico tiene tal capacidad de transformación que nos vuelve expansivos, amorosos y universales. Resistir inútilmente, o aferrarnos al pasado o a la frustración de que las cosas no sean diferentes implica mucha más energía que soltar y aceptar las incertidumbres del camino, que permiten la transformación y que a la larga son un aprendizaje, algunas veces un regalo, aunque no siempre lo veamos así.
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Swami Sivananda sostuvo que la única manera de medir el progreso espiritual es a través del sentimiento permanente de tranquilidad del yogui. Esta es, como la definió Patanjali, la esencia del yoga: “la cesación de las fluctuaciones de la mente.” Por tanto, el yoga nos ayuda a vaciarnos de temores, prejuicios y apegos, a no condicionar nuestra felicidad al entorno y a vivir en un estado de amor y aceptación. Esto es lo que para esta tradición espiritual es la felicidad.
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La aceptación viene con la apertura de Anahata chakra, centro energético del amor, que nos convierte en seres colectivos y une nuestra individualidad con el espíritu. El equilibrio interior necesita de un corazón abierto que irradie alegría, amor, generosidad, compasión, integración con todo y con todos. Esta aceptación implica no resistirse al fluir de la vida, al cambio que es su principal característica, a las incertidumbres, los sucesos, las ideas y las personas. Significa verlas como hechos concretos, aproximarnos a ellas con una actitud positiva y también celebrarlas.
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La paz interior de la que se habla en yoga no se trata de cerrarse al mundo exterior. Es todo lo contrario a egoísta: significa abrirse a las diferentes manifestaciones de la existencia, y a conectarse con sus posibilidades, cualidades y belleza. El amor universal empieza por la aceptación. Sólo si nos queremos a nosotros mismos, a los demás, a la vida con sus vicisitudes, y las observamos sin juzgarlos, podremos atraer alegría, expandir nuestros límites, estar plenos y en capacidad para entregar y compartir.
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El yoga nos enseña que la felicidad viene de dentro, no de afuera. No depende de las circunstancias, lo que seamos o creamos poseer. Está en aceptar con amor y alegría las circunstancias como llegan. Tal como la capacidad de estar en equilibrio, el amor también viene de nosotros: es parte de nuestra naturaleza y tiene tanto poder, que trae consigo armonía, dicha y sanación.
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Excepto nuestra actitud positiva y la manera como actuamos hacia las situaciones, no podemos cambiarlas si es a partir del rechazo. El poder que tenemos para construir nuestro mundo trabaja en un sentido opuesto: la resistencia paradójicamente genera dificultades y es el amor lo que realmente atrae más amor.
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Apertura hacia los otros
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Si parte de la apertura de este chakra es poder aceptarnos a nosotros mismos como somos, y las situaciones como se presentan, también se trata de aceptar a las personas tal cual son: con sus complejidades y sus virtudes. Pues cada uno es diferente y los demás no están aquí para satisfacer nuestros ideales de lo que “deberían ser”. Simplemente son.
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Cada persona es bella a su manera, y aunque proyecte algunas veces conflicto, tensión o rabia u otro sentimiento, cuando aceptamos nos damos cuenta de que, no solo no es personal, pues cada uno está lidiando con sus propias experiencias, sino que además lo más probable es que estas sean sentimientos relacionados con el miedo, y que por tanto estas personas están sufriendo. Comprender al otro, sin prevenciones derivadas del ego o de diferencias de pensamiento, es una característica de esta generosidad de corazón.
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Cuando aceptamos y amamos no pretendemos cambiar a nadie, pues tenemos solidaridad con el otro y vemos que cada uno es bello y perfecto. La realidad es como es, y nosotros somos como somos. Es el único punto desde donde podemos partir hacia un crecimiento interior y hacia los propósitos que tenemos: sin juicios y con amor, para con nosotros y todo lo que nos rodea.


